Y cuantos días persiguiendo el mismo sueño, mi espejismo predeterminado en la arena. Es un oasis al que desesperanzada me acerco, ese es mi predador y yo una fácil y aburrida presa, yo una inconforme y débil y tan asequible victima. Dos manos y un solo corazón Quisiera contenerlo todo en ellas Quedarme con todo el banquete. Que de gula no me acusen Mi pecado es estar amarrada de dos puertos inevitablemente. El primero la razón, el segundo, vieja huella, Antigua desazón, es como una infancia plagada de monstruos reales, tanta vileza queda en nosotros de ella, y cuanto nos gustaría haber podido disfrutarla. Cuantos árboles habríamos escalado, cuantas carreras ganado, cuanto de lo que no pudo ser viene a golpearnos en la cien, cuando la memoria trae a colación lo poco que hemos disfrutado.
Buscar entre lo que pudo y no ser, es sin duda una perdida de tiempo, sin embargo hoy el tiempo me parece tan solo números en la barra de notificación pasan, siempre pasan y jamás puedo aferrarlos, como aquel tiempo y revivirlo. Entonces no hay nada perdido.
Aunque hoy pienso que quizá la fe de abrirse, de dejar entrar, de no tener los brazos cruzados frente al cuerpo, con nadie y ante ninguna situación, eso esta perdido. Y a medida que el mi reloj sigue marcando números, siempre avanzado, siempre acometiendo contra mi y mis sueños resquebrajados, yo apacible como noche de cielo cerrado, calma tempestad, pienso, rememoro y escribo.
Si los huracanes escondidos en el fondo de mi esencia, despertaran un día, acabarían con mi linda y gentil conformidad y destrozarían años de trabajo y siembras extenuantes.
Es más sencillo, olvidarlo todo, sacudir la cabeza y ocupar mis manos llenas de nada?
Es sin duda más factible que de vuelta la pagina y dibuje flores ahora y acalle mis demonios. Cinthia’11.
No hay comentarios:
Publicar un comentario